jueves, 15 de agosto de 2013

Fuori dal mondo

Hace algún tiempo extraía la inspiración para escribir de los más miserables detalles. Algo que me había pasado, algo que había visto, que me habían contado... Qué se yo. Sandeces, tonterías sin importancia. Ahora me resulta mucho más difícil ponerme a escribir, y no porque no me pase nada, no me cuenten nada o no lea nada interesante. Absolutamente todo lo contrario. Simplemente, ya no hay nada a lo que le saque tanto jugo. Hay miles de cosas que me gustan y cada vez más. Eso es bueno y malo a la vez. Es maravilloso que nunca me pueda cansar de interesarme por cosas. Pero a veces me siento vacía al ser todo tan banal y que no haya cosas que me marquen tanto como antes. Y cuando las hay dure tan poco.

Una de las cosas que más me han fascinado que haya visto durante este verano es el conjunto de película y serie, en la que cada uno de sus capítulos es tan maravilloso como un film, This is England. 

A veces me sorprendo de que me gusten este tipo de cosas. Igual que me pasó con la Naranja Mecánica (he visto película y leído novela, así que no quiero que nadie me juzgue de antemano). Parece que son cosas que no van conmigo, a pesar de que yo no tenga una mentalidad fuertemente forjada. Soy como soy. Pero no sé por qué motivo alguien decidió que ese tipo de "cosas" iban dirigidas a un público concreto. Un tipo de personas que se declaran seguidores incondicionales de estas películas (por generalizar), que llevan un tipo de ropa concreto, escuchan un género de música concreto y tienen una ideología concreta. Yo que sé. De verdad, os expongo mi ignorancia en todo su esplendor porque me gustaría que alguien me lo explicara. 

Dejando eso de lado, que como de costumbre me voy por las ramas, he estado recordando (o intentándolo) qué cosas me producían la suficiente inspiración como para escribir prácticamente todos los días. Aunque sólo fuera una línea, era "bonita". 

Por desgracia siempre llego a la misma conclusión. Lo que más inspira, por lo menos en esta forma de escribir tan desordenada y asquerosa que tengo, es la tristeza. La pena, el llanto, el sentirse como un pedazo de mierda todos los días. A saber por qué. Ahora eso no lo tengo, y si alguna vez aparece no viene para quedarse. Son malos días, no malas rachas. Volvemos a lo que en parte es bueno y malo. Es bueno porque, ¡joder! a quién no le gusta ser feliz. Es malo porque reduce mis ganas de escribir. 

Por lo que...

Probablemente lo más sensato sea empezar a filosofar sobre lo feliz que soy (parabím, parabam), escribir sobre cosas bonitas que me gustan... Estoy leyendo bastante este verano, viendo peliculazas y jugando a algunos videojuegos chachis como para no encontrar algo que me guste... O simplemente dedicarme a otra cosa. Cosa que no quiero. (Y esto último, sí lo de repetir cosa dos veces, es a propósito.)

Bueno, como parece que escribo para autoconvencerme de que realmente "no estoy tan mal", "sonrío y eso", "siempre podré volver a encontrar la inspiración" voy a ir terminando esta entrada de un blog que ya ha pasado por todo. Quizá debería darle una utilidad mayor que la de escribir lo que sale de este cerebrito mío... Pero hasta entonces, ya va bien así. 

Os dejo con esta preciosa banda sonora. 


No hay comentarios: