Deshojo el último trébol de este jardín inmenso, cuyo verdor cada vez se hace menos nítido.
Es cierto, es bien cierto que todo aquello fue real, palpable, alcanzable, inimaginable, aterrador, precioso, mágico, sencillo, complicado. Es cierto, es bien cierto que todo aquello ha forjado en mí eufemismos y más eufemismos. Pero, ¿qué debo hacer sino?
Ciertamente, no me ayudas, no me estás ayudando, así me es totalmente imposible.
¡Escupe todos tus malditos prejuicios de una jodida vez, idiota! Sonríe, sonríeme. Tu felicidad es uno de los bienes más preciados de mi jodida existencia.
Eres idiota, de verdad que lo eres, y mucho. Las cosas cambian, tú y yo, ya no somos él y ella, somos A y Z, 1 y 100.
¡Idiota, idiota! Te devuelvo este trébol sin hojas. El que me entregaste hace tanto tiempo, brindándome tus más escondidos anhelos.
Inherente fui. Ahora pegamento de barra. JÓDETE.