sábado, 3 de agosto de 2013

La fuerza de los Mandalas

No entiendo de métodos de relajación, ni de budismo, ni hinduismo, ni de ninguna religión oriental. Tan sólo sé que siempre que noto que mi mente alcanza ese estado que se me hace tan difícil describir después de desaparecer y provocarme tantísimos problemas, siempre me va bien pintar un mandala. 

No hay un motivo aparente, porque en realidad a mí se me hace difícil creer en estas cosas, y aunque sea como abrir un cuaderno de bebés y ponerse a pintarrajear de cualquier forma, parece que funciona. Un poquitín.

Por lo menos sé que mi tía estará orgullosa de mí. Me regaló un libro de colorear mandalas cuando era una cría caprichosa (¡jaja!, como ahora pero con menos edad) y no le hice mucho caso hasta hace poco. Supongo que todo tiene una edad... Y aunque consista en coger lápices de colores y pintar, la edad de los mandalas ha llegado hace bien poco. 

Seguiré buscando cosas para mejorar como persona. A ver si meditando mínimamente consigo algo más que sin hacer nada. 

En fin. Os dejo con un mandala que me ha parecido muy bonito. 


No hay comentarios: