viernes, 16 de agosto de 2013

Trainspotting, ¿película para volver a ver?

Primero de todo, la he visto recientemente. Y es muy buena. Mucho. Tiene frases espectaculares y no es que no me haya gustado, es simplemente que no la considero para tanto. Tenía muchas expectativas con esa película. Había visto algunas imágenes y sentía curiosidad... Pero no me satisfizo del todo.

Está muy bien hecha, el argumento no es complejo y aun así entretenido, y tiene escenas que, personalmente, recordaré como brutales. Aunque también recordaré algunas como asquerosas... Voy a presentaros algunas razones por las que no volvería a verla.


Primera razón por la que no volvería a ver Trainspotting: La escena del váter. Normalmente suelo taparme los ojos en muchas películas, y si las veo con alguien no falta el "avísame cuando se acabe la escena". Trainspotting la vi sola y nadie pudo decirme que ya podía volver a mirar. ¡QUÉ ASCO! Además de ser una escena innecesaria y repugnante, no quiero ver al precioso Ewan introducirse en ese montón de mierda de nuevo.

Y hablando de escenas con las que me tapo los ojos, llegamos a la segunda razón por la que no volvería a verla. Los "pinchazos". Soy muy sensible y es superior a mí ver una aguja clavándose en algún sitio. Y más directamente en una vena. Me desmayo con los análisis de sangre y, por supuesto, en la vida podría estar enganchada al caballo. Cosa que no me preocupa. Y cuando me reprochan el hecho de llevar dos tatuajes mi respuesta siempre es la misma: Los tatuajes no implican inyectar o extraer nada del interior de mi cuerpo. La tinta no me llegará a la sangre. Así que tatuajes los que queráis, pero no soporto los análisis de sangre y mucho menos ver a drogadictos meterse heroína. Esta también es una razón por la que no volvería a ver Requiem for a dream (por culpa de la cuál estuve varios días sin poder dormir, agarrando y frotando mis brazos constantemente y con el estómago revuelto). 

jueves, 15 de agosto de 2013

Fuori dal mondo

Hace algún tiempo extraía la inspiración para escribir de los más miserables detalles. Algo que me había pasado, algo que había visto, que me habían contado... Qué se yo. Sandeces, tonterías sin importancia. Ahora me resulta mucho más difícil ponerme a escribir, y no porque no me pase nada, no me cuenten nada o no lea nada interesante. Absolutamente todo lo contrario. Simplemente, ya no hay nada a lo que le saque tanto jugo. Hay miles de cosas que me gustan y cada vez más. Eso es bueno y malo a la vez. Es maravilloso que nunca me pueda cansar de interesarme por cosas. Pero a veces me siento vacía al ser todo tan banal y que no haya cosas que me marquen tanto como antes. Y cuando las hay dure tan poco.

Una de las cosas que más me han fascinado que haya visto durante este verano es el conjunto de película y serie, en la que cada uno de sus capítulos es tan maravilloso como un film, This is England. 

A veces me sorprendo de que me gusten este tipo de cosas. Igual que me pasó con la Naranja Mecánica (he visto película y leído novela, así que no quiero que nadie me juzgue de antemano). Parece que son cosas que no van conmigo, a pesar de que yo no tenga una mentalidad fuertemente forjada. Soy como soy. Pero no sé por qué motivo alguien decidió que ese tipo de "cosas" iban dirigidas a un público concreto. Un tipo de personas que se declaran seguidores incondicionales de estas películas (por generalizar), que llevan un tipo de ropa concreto, escuchan un género de música concreto y tienen una ideología concreta. Yo que sé. De verdad, os expongo mi ignorancia en todo su esplendor porque me gustaría que alguien me lo explicara. 

Dejando eso de lado, que como de costumbre me voy por las ramas, he estado recordando (o intentándolo) qué cosas me producían la suficiente inspiración como para escribir prácticamente todos los días. Aunque sólo fuera una línea, era "bonita". 

Por desgracia siempre llego a la misma conclusión. Lo que más inspira, por lo menos en esta forma de escribir tan desordenada y asquerosa que tengo, es la tristeza. La pena, el llanto, el sentirse como un pedazo de mierda todos los días. A saber por qué. Ahora eso no lo tengo, y si alguna vez aparece no viene para quedarse. Son malos días, no malas rachas. Volvemos a lo que en parte es bueno y malo. Es bueno porque, ¡joder! a quién no le gusta ser feliz. Es malo porque reduce mis ganas de escribir. 

Por lo que...

Probablemente lo más sensato sea empezar a filosofar sobre lo feliz que soy (parabím, parabam), escribir sobre cosas bonitas que me gustan... Estoy leyendo bastante este verano, viendo peliculazas y jugando a algunos videojuegos chachis como para no encontrar algo que me guste... O simplemente dedicarme a otra cosa. Cosa que no quiero. (Y esto último, sí lo de repetir cosa dos veces, es a propósito.)

Bueno, como parece que escribo para autoconvencerme de que realmente "no estoy tan mal", "sonrío y eso", "siempre podré volver a encontrar la inspiración" voy a ir terminando esta entrada de un blog que ya ha pasado por todo. Quizá debería darle una utilidad mayor que la de escribir lo que sale de este cerebrito mío... Pero hasta entonces, ya va bien así. 

Os dejo con esta preciosa banda sonora. 


sábado, 3 de agosto de 2013

La fuerza de los Mandalas

No entiendo de métodos de relajación, ni de budismo, ni hinduismo, ni de ninguna religión oriental. Tan sólo sé que siempre que noto que mi mente alcanza ese estado que se me hace tan difícil describir después de desaparecer y provocarme tantísimos problemas, siempre me va bien pintar un mandala. 

No hay un motivo aparente, porque en realidad a mí se me hace difícil creer en estas cosas, y aunque sea como abrir un cuaderno de bebés y ponerse a pintarrajear de cualquier forma, parece que funciona. Un poquitín.

Por lo menos sé que mi tía estará orgullosa de mí. Me regaló un libro de colorear mandalas cuando era una cría caprichosa (¡jaja!, como ahora pero con menos edad) y no le hice mucho caso hasta hace poco. Supongo que todo tiene una edad... Y aunque consista en coger lápices de colores y pintar, la edad de los mandalas ha llegado hace bien poco. 

Seguiré buscando cosas para mejorar como persona. A ver si meditando mínimamente consigo algo más que sin hacer nada. 

En fin. Os dejo con un mandala que me ha parecido muy bonito. 


jueves, 1 de agosto de 2013

Der Kunst von Deutschland

No puedo creer que en menos de un mes esté pisando suelo alemán. Mi sueño desde incluso antes de saber el idioma. Y eso que prácticamente desde que nací estaba relacionándome con alemanes. Mi primer mejor amigo se llamaba Mario. Mis padres pensaban que su nombre completo era Mario “Pitcher” o algo así, porque cuando sus enajenados progenitores gritaban el nombre del crío, lo acompañaban de esa palabra extraña… Con los años descubrí que lo que realmente querían decir los padres de mi amigo Mario era “bitte”. Por lo tanto: “’¡Mario, por favor!”. Fue divertido darse cuenta de eso. Lo malo es que cuando lo supe no volví a ver a Mario.

Mi historia con Alemania es curiosa. Siempre me he imaginado pisando sus calles y sobre todo haciendo miles y miles de compras que en ese momento me parecían completamente necesarias para seguir viviendo. Películas que aquí ni se encontraban, discos, pósters… Chorradas. Con el tiempo, todo vino aquí. Maldita globalización. ¿Qué sentido tenía ahora irse a Alemania?

Souvenir de Berlín. Otro típico regalo son trozos del muro.

Pues gracias al hecho de crecer y madurar (y tal y cual y Pascual), he podido encontrar algunos otros motivos para viajar a ese país tan odiado y amado a la vez. Su historia, sus jóvenes edificios, la música clásica (¡!), la comida, escuchar ese fascinante acento vaya donde vaya… Y seguro que me emociono cuando encuentre alguna de esas cosas que ansiaba tener en mi adolescencia. Antes conocía tan poco… Y ahora no es que la situación haya cambiado mucho, pero estoy segura de que visitar por fin Berlín me entregará la fuerza que se necesita para afrontar un señor Último Año de Carrera. Y aunque no tenga nada que ver, cuando esté al borde de la explosión recordaré que al menos uno de mis sueños ya se ha cumplido, así que sólo me quedará seguir cumpliendo los demás.

Como siempre empiezo hablando de una cosa y termino con otra totalmente distinta. El día en que ordene mis ideas haré una fiesta y os invitaré a todos. Hasta entonces, besitos de fresa.