No veía ninguna razón para sentir miedo. No podía imaginarme que quedara nada en el mundo que pudiera darme miedo, al menos, no físicamente. Ésa era una de las ventajas de haberlo perdido todo.
Luna Nueva - Stephenie Meyer
Y de repente le tenía ahí, entre mis brazos. Aspiraba su aroma que tantas veces me había imaginado llenando mis pulmones, sabiendo que nunca más lo podría volver a disfrutar.
Recorría su rostro con mis dedos, memorizando cada imperfección en mis yemas. Aunque la imperfección en él no existía.
De repente extendió sus dedos hasta mis ojos obligándome a cerrarlos, cosa que no quería porqué sabía que en el momento en que lo hiciera él desaparecería. Pero su fuerza fue mayor y al final me rendí.
Aún notaba sus fuertes brazos rodeándome y su dulce aliento en mi cara, pero todo eso iba desapareciendo a una velocidad cada vez más alarmante.
De repente volví a abrir los ojos.
Sus brazos ya no me rodeaban y yo abrazaba fuertemente a una estúpida almohada...
Lo había vuelto a soñar, pero esta vez había sido tan... real.
Texto de hace dos años, rescatado del olvido. Me encanta simplemente. Cuando me pongo a pensar, anhelo la simplicidad de mis palabras, mi expresión, mi facilidad para soltar todo aquello tan sólo para intentar plasmar mi sentimiento hacia una persona. Cuánto amor sentía y qué difícil era definirlo, porqué yo no le amaba a él, amaba cada uno de mis días de aquella infancia tan reciente...
2 comentarios:
Que tiempos tan bonitos aquellos...
En fin... como cambia todo..
te echo de menos
te quiero muchísimo mi niña, de verdad que todo cambiará te lo prometo... gracias por seguir aqui!!!
Publicar un comentario