Haz sonar mi alma… Tú, pequeño
instrumento bautizado en nombre del diablo, haz que nuestras almas se
entrelacen con la misma perfección de tu armonía.
Claro que sí. Tú eres fuerte,
debes soportar todo un arte. La encargada de aguantar terribles aberraciones,
dolor infinito; pero también la mayor de las bellezas, el amor y comprensión…
La delicadeza, el tacto, el miedo, el olor… Guardas una gran responsabilidad.
Si no fuera por ti, las súplicas no serían escuchadas, los mensajes de amor y
paz, así como los de guerra y traición, quedarían en nada. Sin ti no habría
resonancia. Sin ti no habría nada.
¿Qué ocurriría si te rompieras?
Eres fuerte, pero no inmortal. ¿Substituible? Puede… ¿A qué precio? Eso ya no
lo sé. Pero imaginemos el momento del duro golpe, ese vacío, esa horrible sensación
de pesadumbre. ¿Qué he hecho?
¿Qué has hecho? Has destrozado su
alma… Has matado a la música.
Disfrutad de Paganini
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