miércoles, 17 de abril de 2013

Cantino


Haz sonar mi alma… Tú, pequeño instrumento bautizado en nombre del diablo, haz que nuestras almas se entrelacen con la misma perfección de tu armonía.


A veces no puedo imaginarme un sonido más hermoso. Debo ser infiel a mi naturaleza y unirme a tus ojos, nariz y sonrisa, tus cuatro cuerdas. No necesitas más. Es maravilloso comprobar cómo surgen todos esos sonidos maullantes de algo tan simple. Cuéntamelo, susúrrame, alma, cómo es eso posible… ¿Eres tú, verdad?

Claro que sí. Tú eres fuerte, debes soportar todo un arte. La encargada de aguantar terribles aberraciones, dolor infinito; pero también la mayor de las bellezas, el amor y comprensión… La delicadeza, el tacto, el miedo, el olor… Guardas una gran responsabilidad. Si no fuera por ti, las súplicas no serían escuchadas, los mensajes de amor y paz, así como los de guerra y traición, quedarían en nada. Sin ti no habría resonancia. Sin ti no habría nada.

¿Qué ocurriría si te rompieras? Eres fuerte, pero no inmortal. ¿Substituible? Puede… ¿A qué precio? Eso ya no lo sé. Pero imaginemos el momento del duro golpe, ese vacío, esa horrible sensación de pesadumbre. ¿Qué he hecho?

¿Qué has hecho? Has destrozado su alma… Has matado a la música.

Disfrutad de Paganini

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