Dejar lo conocido siempre es duro, aún así asegurado está tu regreso.
Dejar lo desconocido es todavía más duro porque no tienes la certeza de que vuelva a repetirse.
Fueron días dolorosos cuando, con miedo, me enfrentaba a millones de instantes sin poder disfrutar de mi hermosa rutina; ahora anhelo el precioso color verde presente en todo momento, la niebla, el frío de la noche... Podía mirar las estrellas mientras le sonreía a mi alrededor, repleto de seres maravillosos con miles de historias que contar. Posara donde posase mi oído, podía escuchar un acento diferente, una aventura increíble o una risa preciosa que se clavará por siempre en mis recuerdos.
He prometido que volveré, y tras esos abrazos tan sinceros y nuevos para mí, mi promesa volvió a tomar forma. No es un gusto volver, es una necesidad.
Gracias por todas las noches que hemos pasado juntos, y por los días bajo el sol.
Aunque ahora ya no signifiquen nada.
1 comentario:
Aqui hablas de Bubión o me equivoco? Precioso María!
Publicar un comentario